En un escenario absolutamente vacío aparece ella.
Lo irreducible de su esencia.
El verdadero ‘’yo’’ de ese tramo de vida.
Su ‘’yo’’ natural que le permite disfrutar de no hacer más
que pensar, mientras los reflectores le iluminan los ojos
Pero hay momentos
En los que nuestra adorable estrella se ve abatida por una
ola de meteoritos.
Meteoritos retóricos que hacen que se apaguen los
reflectores y se enciendan las luces de emergencia.
Y ahí ve las sombras
que siempre se esconden abajo del modesto escenario color negro.
Una sombra de aspecto áspero le grita irresponsable. La
ignora, no hace falta demostrarle nada a nadie. Se acerca otra un poco más fina
y llora que no la entiende, que ya no la escucha, y llora y llora, pobre
sombra. Criaturita llora también, con las pupilas dilatadas por la falta de
luz. Llora porque se le tiran encima todas sus sombras. Llora porque le hacen
ver lo mal que está. Llora las caras visibles de su ser. Llora que no es tan
simple ser persona. Y llora, y llora…
Que las exigencias, que la responsabilidades, que una vida
política, que siempre una sonrisa en la cara, que causar buena impresión, que
el amor… Ay, que el amor!
Que tenga una provechosa vida señorita, lejos de la
felicidad. Que nunca sepa en verdad quien es madame, ni se le ocurra cuestionar
que hay más allá de la cerca. No hace
falta que participe mujer! Su opinión mucho no vale, más bien no vale nada y
aquí siempre nos gusta escuchar sus ideas siempre ilusas sobre el viento y el destino.
Mejor que se quede acá, protegida de la felicidad, sin buscar amor, total no lo
va a encontrar, sin probar como sabe el orgullo ni cómo se siente el afuera.
Mejor nos ayuda acá, que hay muchas vidas que ensuciar y muchas mujeres a quien
atrapar.